La actual imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas es una obra de estilo neobarroco realizada por el escultor e imaginero Francisco Palma Burgos en el año 1941 y que fue procesionada por primera vez en 1942. La talla sustituyó a la primitiva escultura original de Pedro de Mena y Medrano (siglo XVII), desaparecida en los sucesos de mayo de 1931. El coste de la obra ascendió a 30.000 pesetas de la época, sufragadas mediante una suscripción popular promovida por un grupo de congregantes.
Aunque la obra de Palma Burgos se concibió como una reinterpretación del crucificado desaparecido de Pedro de Mena, no constituye una copia exacta. Existen diferencias morfológicas y compositivas significativas entre ambas tallas:
La imagen actual presenta una escala ligeramente mayor que la obra del siglo XVII, con una complexión física más robusta. En la obra de Palma Burgos, la pierna izquierda descansa cruzada sobre la derecha, una disposición inversa a la que presentaba el Cristo original de Mena. El anudado del sudario o paño de pureza se sitúa en el flanco derecho del crucificado actual, mientras que en la talla original se encontraba tallado en el lado izquierdo. Asimismo, el tratamiento estético del cabello difiere notablemente entre ambas versiones.
A pesar de estas variaciones formales, la corporación conserva a nivel histórico y popular la denominación «de Mena» en memoria de la desaparecida efigie que dio origen a la devoción de la hermandad. En el año 2008, la escultura fue sometida a un proceso de conservación y limpieza integral a cargo de la restauradora Maite Real Palma.
Descripción iconográfica y detalles anatómicos
La imagen representa a Cristo ya muerto en la cruz, suspendido de un madero de tipo arbóreo. Desde el punto de vista clínico y artístico, la obra destaca por su rigor anatómico.
El rostro muestra un marcado estatismo post mortem, con los ojos inertes y la boca entreabierta, permitiendo apreciar el detalle tallado de la dentadura y la lengua. La policromía incide en los efectos de la Pasión: regueros de sangre fluyen desde las sienes a causa de la corona de espinas (pieza vegetal confeccionada anualmente de manera artesanal e impuesta antes de cada salida procesional), conectando con el cabello rizado.
Protector de la Legión
En 1928, tras regresar de la guerra de África, mandos de la Legión solicitaron a la Congregación de Mena que el Cristo de la Buena Muerte fuera nombrado protector de sus tropas, iniciando desde entonces una vinculación ya centenaria. Este vínculo fue oficializado por el Arzobispo Castrense de España, Monseñor Estepa Llaurens, mediante decreto firmado en el año 2000.
La proclamación de la II República y los sucesos de 1931 supusieron una durísima prueba: la pérdida del Cristo, de la capilla y de gran parte del patrimonio obligó a la Congregación a un largo periodo de resistencia y reconstrucción, manteniendo el culto en la Catedral y sosteniendo la devoción en medio de la adversidad. Tras la Guerra Civil, se inició un proceso de recuperación material y espiritual que culminó con la nueva imagen del Santísimo Cristo y la salida procesional de 1942.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la Congregación alcanzó una etapa de madurez. Se restauraron la capilla y el camarín, se consolidó su patrimonio artístico, se reforzó la vida espiritual y formativa de los congregantes y se afianzó su proyección institucional, recibiendo la visita de altas autoridades civiles, militares y religiosas, y recuperando una presencia activa en la vida cultural de Málaga.
La proclamación de la II República y los sucesos de 1931 supusieron una durísima prueba: la pérdida del Cristo, de la capilla y de gran parte del patrimonio obligó a la Congregación a un largo periodo de resistencia y reconstrucción, manteniendo el culto en la Catedral y sosteniendo la devoción en medio de la adversidad. Tras la Guerra Civil, se inició un proceso de recuperación material y espiritual que culminó con la nueva imagen del Santísimo Cristo y la salida procesional de 1942.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la Congregación alcanzó una etapa de madurez. Se restauraron la capilla y el camarín, se consolidó su patrimonio artístico, se reforzó la vida espiritual y formativa de los congregantes y se afianzó su proyección institucional, recibiendo la visita de altas autoridades civiles, militares y religiosas, y recuperando una presencia activa en la vida cultural de Málaga.
Un Cristo al que le han hecho peticiones miles de malagueños, como los versos de José María Pemán:
“Que vaya, en fin, por la vida
como tú estás en la cruz.
De sangre los pies cubiertos
llagadas de amor las manos
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos mis hermanos.
A ofrecerte, Señor, vengo
mi ser, mi vida, mi amor,
mi alegría, mi dolor
cuanto puedo y cuanto tengo.
Cuanto me has dado, Señor.
Y a cambio de esta alma llena
de amor, que vengo a ofrecerte
dame una vida serena.
Y una muerte santa y buena
¡Cristo de la Buena Muerte!”.
María Magdalena